viernes, 18 de diciembre de 2015

Clima de acuerdo en París


paris destEl mundo demostró en la última Cumbre del Clima en Paris su ambición para reducir emisiones contaminantes. Pareciera una intención sencilla de aceptar y testimonialmente necesaria, pero hubo grandes forcejeos entre todos los países para pactar una lucha masiva contra el calentamiento global.
El acuerdo entre los países ricos y en desarrollo es positivo y fue celebrado, pero falta definir cómo se va a implementar. La Cumbre abrió un nuevo marco para reiniciar las negociaciones, creó un escenario positivo para trabajar, y ahora la clave será armonizar acciones concretas que tengan efecto sobre el ambiente, principalmente el paulatino abandono de combustibles fósiles.



El ingeniero Gabriel Blanco, docente e investigador de la Facultad de Ingeniería de la UNICEN, fue parte de la delegación argentina que negoció el acuerdo en Francia, y si bien reconoce el esfuerzo de todos los países por unir voluntades, abre interrogantes sobre las nuevas negociaciones para equilibrar la lucha.

Después de muchos años, en París se logró comprometer a todos los países a tomar medidas. Hasta ahora los países en desarrollo decían que las potencias tenían una responsabilidad histórica frente al calentamiento global, y éstas destacaban que las economías emergentes, donde ubican a China, eran las actuales responsables de la mayor emisión de gases contaminantes.

Gabriel Blanco indicó que "un acuerdo previo entre China y Estados Unidos fue un factor determinante para destrabar las cosas, porque acordaron no molestarse mutuamente, conciliando límites sobre lo que puede hacer cada uno". El cruce más fuerte era entre ellos y su armisticio destrabó las negociaciones mundiales.

La parte no positiva de este entendimiento, según el ingeniero, "fue que ellos impusieron la idea de que cada uno hace lo que puede. Entonces, cuando vemos las contribuciones que cada país dice que puede hacer, es evidente que no alcanzan para llegar al objetivo de que la temperatura global no supere los 2ºC respecto a los niveles previos a la Revolución Industrial. Acá es donde nace una nueva negociación sobre cómo los países pueden aumentar su contribución para reducir gases contaminantes".

La pretensión ambiental es que para el 2050 se abandonen los combustibles fósiles. Para esto es necesario modificar el esquema productivo y de consumo, con todas las dificultades económicas, políticas, y sociales que incluye. En principio se requiere cambiar los recursos energéticos y mejorar la tecnología de producción, pero el verdadero e influyente cambio se dará con una reducción del nivel de consumo.

Lo que logró esta Cumbre es que todos los países sinceren sus posibilidades y compromisos, más allá de que resulte insuficiente. Ahora deberán trabajar para actualizar sus metas,  parisreelaborar sus planes, mejorar sus contribuciones, y volver a presentarlas en la ONU en 3 ó 4 años. En este sentido, si bien no hay sanciones para los que no cumplan, se habló de la transparencia. Con sus propios recursos o con apoyo, cada país admitió lo que está dispuesto a hacer por el ambiente, para lo cual habrá mecanismos de monitoreos y auditorías internacionales para examinar esos compromisos. Acá también hubo forcejeos, vinculados a posibles intromisiones a la soberanía.

Gabriel Blanco señaló que siguen vigentes los 100 mil millones de dólares por año que las potencias prometieron conjuntamente destinar a los países en desarrollos para adaptarse y mitigar el cambio climático, "pero no quedó plasmado en el acuerdo, está todo por definirse".

También hubo acuerdos sobre pérdidas y daños. Es que los países vulnerables no sólo necesitan recursos para adaptarse al clima, sino que ante una catástrofe como inundaciones, sequías o tsunamis, serán resarcidos por las pérdidas ocasionadas.

El caso argentino

El ingeniero Blanco participó de las rondas de consultas entre el sector gubernamental, el privado, y ONG´s, donde se establecieron las contribuciones argentinas para luchar contra el calentamiento global, que fueron presentadas en París. "Se consideraron medidas que están en marcha, que son pocas, y unas nuevas que se pueden implementar, sobre todo en energías renovables siguiendo la nueva ley, también la ley de bosques. Son todas cuestiones positivas, pero en el pasado ya se demostró que no se cumplieron, y es una decisión política, Ahora se abre un signo de pregunta si la nueva administración va a tener esa voluntad de hacerlo", delineó el ingeniero.

 paris00"De tener esa voluntad, Argentina va a tener que hacer algo más, porque lo que se ofreció es poco. Es muy difícil porque el país ha basado su desarrollo en dos cosas: la extracción de recursos naturales y el consumo. Y esas dos líneas, pilares del desarrollo hasta ahora, hay que reverlas, o por lo menos a plantear cómo tener un desarrollo más armónico, más diversificado", advirtió.

Para alcanzar el objetivo de un 2050 sin combustibles fósiles, "hay que reducirlos ya de manera drástica", subrayó el experto Olavarriense. "Eso tiene implicancias tremendas. En el caso de Argentina, todo nuestro sistema productivo, el transporte, producción de energía eléctrica, industria, el agro, está basado en combustibles fósiles, y todos sus derivados. Tenemos que cambiar esto hacia otros rumbos, pero tenemos que empezar a hacerlo ya, tiene que haber un primer paso", enfatizó.
Blanco propone desde hace años cambiar la matriz energética de Argentina. "Tenemos el 90% basado en combustibles fósiles, más que la media mundial. Deberías tener energías renovables donde corresponde, optimizar los recursos disponibles, repensar el sistema de transporte, la agricultura", enumeró.

"Si hay necesidad de tener más energía, la decisión viene de plantear cómo la voy a obtener. Y Argentina, en la década pasada, fue por más combustibles fósiles en lugar de hacerlo hacia lo renovable. Y la inversión es la misma, pero uno elige", puntualizó. "Uruguay, por ejemplo, es un ejemplo buenísimo de países que están cambiando su matriz energética. Los esfuerzos hay que hacerlos, vos decidís la dirección que les das", agregó.

Nuevo paradigma

Con el abrazo mundial en Paris, "se abren nuevas perspectivas, un marco para definir cosas que son centrales para trabajar", admitió Blanco. Argentina, en tanto, "tiene que salir de esta obsoleta y falsa dicotomía entre desarrollo y ambiente sano. Es falso, no sólo pensando en su contribución al acuerdo internacional, sino puertas adentro. Debemos pensar en un desarrollo más integral, donde la calidad de vida esté integrada por los servicios que recibís, las cuestiones sociales, ambientales, económicas, eso tiene que crecer todo junto. Tenemos que replantearnos esto, porque estamos en un sendero de desarrollo equivocado", fustigó.

Con un modelo basado en la extracción de recursos como petróleo, gas, soja, y basado en el consumo, "habría que pasar a un esquema más sensato, mucho más diversificado, descentralizado", planteó referente argentino en cambio climático. "Son dos palabras claves: diversificado en los recursos que se utilizan, para que cada región use sus recursos para producir, para generar energía.

 Y descentralizado, donde haya más sectores que puedan entrar en los medios de producción", sostuvo.

"Las comunidades que están cerca de sus recursos y que son vitales para vivir, los cuidan más. Si dependen mucho de sus recursos, los protegen, porque son partícipes de su propio destino. Se trata de lograr una nueva cosmovisión ambiental y social sobre nuestra relación con el planeta", graficó.